Un inexplicable y leve espectáculo

Seda (Alessandro Baricco, 1996) es una historia que le hace honor a su título. Suave, ligera como el éter. Se desliza por los dedos y por los ojos con gracilidad y generando un placer calmo. Armonía y ritmo con la cadencia de lo bello. La adjetivación podría ser interminable, pero todo el ejercicio confluiría en los sentidos, en cómo estos se abren a un mundo íntimo. Un mundo que es la apacible vida de Hervé Joncour en Lavilledieu, un pueblo francés, y que se altera levemente cada año cuando viaja a Japón.

Su gente necesita subsistir y una plaga que afecta los huevos de los gusanos de seda lo lleva a emprender aventuras al otro lado del planeta, en búsqueda del maravilloso botín que les permita seguir fabricando el oro de las telas. Cruzando en trenes, caballos y barcos por toda Europa, los Urales y más allá, Hervé conoce los misterios del sol naciente, representados por Hara Kei y una enigmática muchacha de rostro joven, quien marcará la asistencia a su vida de manera eterna.

Las odiseas de Joncour como contrabandista y un hombre que evade la guerra en la isla oriental, lo hacen popular en su pueblo, por sus relatos de otra realidad. Sin embargo, en cada regresar, el primer domingo de cada abril -justo para la misa mayor-, él va cambiando ligeramente. Son los años y también esa mujer. Hélène, su esposa lo nota, pero no lo hace sentir de manera expresa. ¿Machismo? Algunas gotas, pero éstas no alcanzan a opacar el ejercicio de estilo que derrocha Baricco y con el que logró renombre internacional.

Seda es para leerla no una vez. Es una historia (no una novela) diseñada en capítulos cortos y con ritmos propios. Por su brevedad le han achacado ser light, pero el concepto en sí mismo no debiera tener una connotación negativa. Muchas veces lo simple se encierra en caminos laberínticos, como cuando los árboles impiden ver el bosque. Acá no lo simple es simple y, aunque sea paradójico, expone niveles profundos de otras vidas. No se tocan, pues esta es la vida de Hervé Joncour. Una vida donde la alteración del agua en un lago, producto de una pequeña brisa, por leve que sea puede ser la huella de  que en el fondo hay algo que no es tan impasible como parece.

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