Cuartos de final: Uruguay, nomás

Garra, huevos, mística o suerte por borbotones. Pueden llamarla como quieran, pero no hay dudas de que la experiencia  que vivió este viernes Uruguay ante Ghana fue descorazonante. Tras 119 extensos minutos que parecían concluir con un 1-1 en el marcador, se dibujó una situación que quedará marcada a fuego en la historia de los charrúas. Un tiro libre en favor de los africanos generó una tole tole que Dominic Adiyiah trató de resolver con un cabezazo que iba directo a las redes. El golero Fernando Muslera la veía pasar, Jorge Fucile era sobrepasado pese a una contorsión imposible. ¿Gol? Las pinzas. De la nada surgió “la nueva mano de Dios”, la mano del delantero Luis Suárez, quien estaba parado en la línea. Cierto, la acción era igual a un penal y a la expulsión del ariete, pero le abría la ventana del milagro a su selección.

Asamoah Gyan, quien había convertido dos tantos desde los 12 pasos, fue el encargado de vulnerar a Uruguay y llamar al retrasado gol para desatar la alegría en el único equipo que quedaba representando al continente. Sin embargo, luego de haber tomado carrera, el impacto de su pie derecho envió a la Jabulani al horizontal y después a las nubes. Una milésima de segundo pasó y el juez portugués Olegario Benquerença pitó el fin, obligando a la definición desde el punto máximo.

Era el clímax de una jornada que había comenzado con los sudamericanos buscando su paso a semifinales, pero en la que batallarían siempre desde atrás. Sulley Muntari, cuando se extinguía la primera etapa abrió el placard en beneficio de las Estrellas Negras. Luego, a los 55′, Diego Forlán conseguía la igualdad y llevaba a esta pelea constante y electrizante que fluyó hacia los penales. En esa instancia, los africanos erraron a través de John Mensah y Adiyiah, mientras que la Celeste lamentó la poca puntería de Maxi Pereira. Más finos estuvieron hombres como el “colocolino” Diego Scotti y el “azul” Mauricio Victorino. Eso, sin contar a Sebastián Abreu, quien en el tiro decisivo definió a lo Panenka, cuchareando el balón y mandando a Uruguay por primera vez desde 1950 a la ronda de los cuatro mejores, donde le tocará enfrentar a Holanda.

La Naranja Mecánica se ganó sus boletos para medirse con Uruguay, en un duelo no con menos emociones. ¿Su víctima? Un monstruo llamado Brasil. El Scratch, de hecho, inició el partido demostrando su poder demoledor. Picados con Johan Cruyff, quien dijo que no pagaría por ver a esta verdeamarilla, debido a su escaso compromiso con el espectáculo, los hombres de Dunga en vez de esperar para matar como lo hicieron ante Chile, demostraron que con el balón saben y a los 10 minutos ya estaba arriba gracias a un acierto de Robinho, asistido por Felipe Melo.

Los Oranje estaban mareaditos con Brasil. Kaká casi aumenta sino es por las manos de  Marteen Stekelenburg y Maicon estuvo a punto de sellar una jugada colectiva similar a la obra de arte que hicieron sus compatriotas en México 70, a través de Carlos Alberto. Los sudamericanos iban encaminados a las semifinales, sin embargo, algo pasó en el descanso. La canarinha se esfumó de la cancha y poco a poco, los holandeses fueron encontrando fórmulas para al menos pasar a saludar al golero Julio Cesar. No era tanto, pero un error de Felipe Melo y el propio Julio Cesar, en un tiro libre lejano de Wesley Sneijder terminó alojada en la portería. Era el minuto 53, era el 1-1.

Lejos de rehacerse con fútbol, la verdeamarilla recurrió a la violencia para detener a los europeos. No obstante, eso fue generando diversas jugadas detenidas. En una de esas tantas, Dirk Kuyt pivoteó en el primer palo y Sneijder pescó el balón en el aire y puso el 2-1. El terror cundió aún más, así como la violencia. Es más, Melo terminó viendo la roja, luego de un terrible pisotón a Arjen Robben. Con diez, Brasil tuvo menos recursos de hallar la igualdad. Incluso Holanda tuvo la posibilidad de aumentar, mas el 2-1 era suficiente para vengar las eliminaciones de 1994 y 1998 e ilusionarse otra vez con meterse entre los mejores del mundo. ¿Llegarán por fin a ser campeones? Quién sabe. Por su parte, Dunga, renunció a la banca del Scratch.

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