Saramago y Monsiváis: Adiós a dos grandes

Uno tenía 87 años, el otro 72. Uno ya no pudo más contra la leucemia y el otro aplicó banderas blancas ante una septicemia pulmonar. José Saramago, el “uno”, era portugués. Carlos Monsiváis, el “otro”, era mexicano. Dos personas únicas, pero unidas bajo el mismo vicio: las letras. En medio del torbellino rimbombante del planeta fútbol, ambos decidieron armar las maletas e irse silenciosamente de esta casa. Sin estridencias. Uno el viernes. El otro el sábado.

Las librerías, obviamente, desempolvarán sus obras y las pondrán en las vitrinas para rentabilizar sus decesos. Ejercicio normal dentro de los parámetros éticos del capitalismo, pero del cual no todo es terrible. ¿La razón? El invaluable aporte de sus plumas. Dos intelectuales que no negaban la cultura popular y que no callaban su visión de mundo. Saramago incondicional de las izquierdas y Monsiváis, en palabras de Elena Poniatowska, “una piedra en el zapato en la vida de México”.

Al portugués lo conocí con “La balsa de piedra”, esa aventura de una península ibérica a la deriva tras una raya hecha con una varita en el piso, y en una charla en 2002. No le dije nada y no recuerdo nada de lo que dijo. Sólo tengo la imagen de un anciano de voz tenue, tratando de protegerse detrás de sus gafas. Al mexicano, a través de sus crónicas políticas, agudas, sociales, pero por sobre todo muy pops, a excepción del fútbol, una religión de la cual se definía un ateo. Sus mundos son inconmesurables y la lista de títulos hablan por sí mismos.

“El Evangelio según Jesucristo”, “El año de la muerte de Ricardo Reiss” y “Ensayo sobre la Ceguera” representan a “uno”, un hombre que sus particularidades lo hicieron enfrentarse una y otra vez con la Iglesia Católica. Ésta, la pontificadora del perdón, enterada de su muerte, casi celebró el hecho a través de su periódico L’Osservatore Romano. En el Vaticano lo consideraban un “antirreligioso” extraviado en el “materialismo histórico, alias marxismo”. El “otro”, en tanto, también le dio a la curia con “Nuevo catecismo para indios remisos” y se lució en “Apocalipstick”, un retrato lanzado el año pasado del México más profundo.

Lamentables pérdidas, pero que quizás puedan ser vistas de otra forma, como sugiere Carlos Fuentes, hablando del difunto mexicano. “Un escritor no se muere porque deja una obra; no se pierde a Monsiváis: se ha ganado a Monsiváis para siempre”. Gracias por todo, descansen en paz.

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