La Roja rompe la maldición

Sábado 16 de junio de 1962. Chile le gana por 1-0 a Yugoslavia y se queda con el tercer lugar del Mundial hecho en casa. Sería el último triunfo de la Roja en una competencia. 48 años después, la Selección, en Sudáfrica 2010 volvió a jugar un 16 de junio, miércoles. Su rival fue Honduras y el resultado fue el adiós al maleficio. La estrella solitaria celebra al fin, en un año que empezó como el culo.

El nerviosismo emanaba por toneladas en el Mbombela de Nelspruit, donde la Marea Roja, ayudada por los sudafricanos de la ciudad, hacían sentir una especie de localía que se vio reflejada cuando el himno se escuchó por sobre las vuvuzelas. Ese apoyo aleonó a los pollos de Marcelo Bielsa, quienes entraron poniendo presión de manera inmediata: a los 2′, Matías Fernández, rememorando viejos tiempos, ponía un tiro libre medianamente decente por sobre la portería de Noel Valladares y  a los 8′ Vidal hacía serpentear la Jabulani.

Los catrachos se dedicaban a controlar como podían los avances de Alexis Sánchez y la frontalidad de Matigol, tantas veces criticado, pero que estuvo impecable en la primera mitad. Tanto que a los 34′ mandó un pase filtrado que Mauricio Isla convirtió en centro de la muerte. ¿Resultado? Atropella Jean Beausejour y un grito que a generaciones se le había privado por fin explotaba, porque si bien se había convertido en esta eternidad, éste gol fue diferente, fue el de la victoria.

En el complemento, la Bicolor emparejó el trámite, pero las oportunidades siguieron siendo para Chile. Desperdiciadas todas, casi con escándalo. A los 60′ Alexis enganchaba una pelota con la derecha y a los 64′, el golero Valladares, le sacó de milagro, tras una palomita de Waldo Ponce. Jorge Valdivia corría como condenado, para aplaudirlo de pie. Lo mismo Carlos Carmona. Fundamental el Huaso Isla y Arturo Vidal, luchador incanzable. Y abajo, cuando fueron requeridos, Ponce, Medel y Jara se plantaron ante los grandotes, sin importar por ejemplo los 20 centímetros menos del Pitbull con Welcome.

Hacia el final, Mark González tuvo un par para poder aumentar, pero si esto pasaba, tenía que ser con sufrimiento. Apenas, rasguñando y todos suspirando cuando el flaco Welcome casi repetía lo de Ivica Vastic, en Francia 98′, cuando Austria le empató a la Roja en el último minuto. Afortuunadamente, Welcome no era Vastic y el destino nos hizo abrazar un triunfo esquivo por 48 años. Un triunfo que no es de Bielsa, que no es sólo de los que jugaron ni de los que hicieron patria en las tribunas. También fue del resto de los 16 millones que desde detrás de las montañas y el Atlántico hicieron sentir el ¡Viva Chile, mierda!, el ¡Viva Chile y la concha de tu madre!

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