Día 4: Bienvenido catenaccio

Lo lógico es que los equipos más fuertes de un grupo se enfrenten en la jornada final para definir quién es primero y quién segundo. Pero como la lógica no es tan amiga del fútbol y las bolitas calientes de los sorteos también pueden fallar, Italia y Paraguay se vieron cara a cara en el debut del Grupo F. Ahora, los que creyeron que, por ser los más solidos contendores de la serie, ambos brindarían un espectáculo adornado por una alta cantidad de goles, estaban más perdidos que quien dice que Robinson Crusoe sí existió.

Europeos y guaraníes entregaron en realidad un duelo más efectivo que un somnífero, con escasas llegadas a los porteros. En la azzurra, Ricardo Montolivo era el más empeñoso, intentando con sucesivos remates de distancia que llegaban mansitos a Justo Villar. Simone Pepe trataba de desbordar, pero cuando lo conseguía para buscar la cabeza de Alberto Gilardino, sus pases caían siempre en los cráneos de la zaga sudamericana, esencialmente en Paulo da Silva y Antolin Alcaraz, quien resultaría clave minutos después. Los albirrojos se vieron agobiados al inicio y los pelotazos a Nelson Haedo Valdez y Lucas Barrios, morían antes de llegar a ellos.

No obstante, con el pasar de los minutos y el sostén del aliento, las torres guaraníes comenzaron a fabricarse faltas. Una de ellas significó en un tiro libre magníficamente servido por Víctor Cáceres, que encontró la tuza de Alcaraz. Era el minuto38′ y Buffon, quien saldría en el entretiempo por lesión, veía la bola pasar impávido mientras se colaba en la red. A partir de ese momento, el inventor del catenaccio, Italia, hizo de equipo ofensivo, a la vez que los paraguayos, amos y señores del catenaccio sudamericano, daban una clase de defensa aguerrida y sin fisuras a los propios inventores de esta poco querida estrategia, también calificada como antifútbol.

Lamentablemente para los albirrojos, el empuje italiano, guiado más por el pudor que por la técnica encontró premio a los 63′. La vía nuevamente fue la pelota detenida: córner, Justo Villar -“siendo víctima de Jabulani”- que intenta puñetear pero sólo halla aire y Daniele de Rossi que cabecea para inflar las gargantas. El volante de la Roma, había sido precisamente el tipo con más ganas, empujando desde atrás para conseguir la igualdad. Al obtenerla prosiguió con los esfuerzos para desequilibrar, mas Paraguay se mantuvo incólume. Sufrió, pero sacó la tarea adelante.

Holanda 2 – Dinamarca 0. La Naranja saca poco jugo, pero saca.

No deleitó, sin embargo Holanda también cumplió con el objetivo esencial en cada juego: ganar. En la apertura del Grupo E y sin el contuso Arjen Robben, la Naranja Mecánica exhibió su genética habitual: toque en velocidad, y dinámica. En el primer tiempo, eso sí, le faltó remate. Los delanteros Robben van Persie, Dirk Kuyt y Wesley Sneijder eran bien controlados por los defensas daneses, quienes luego de afirmarse en la cancha, supieron elaborar buenas contras a través de Dennis Rommedahl y Thomas Kahlenberg.

Los holandeses atacaban -también con remates de Rafael van der Vaart-, pero también sufrían. Y así se mantuvo la escena por todo el primer tiempo. Al regreso del entretiempo, el asunto parecía ir por los mismos caminos. Sin embargo, en menos de un minuto, el esquema danés se fue a la basura: centro al área y Simon Poulsen que trata de despejar con tan mala suerte que la bola da en la espalda de Daniel Agger, entregando como resultado del zafarrancho, un autogol. La conquista, y el ingreso de Eljero Elia, potenciaron las convicciones de los Países Bajos, quienes siguieron machacando hasta sellar la victoria por 2-0, a los 85, con acierto del incansable Kuyt.

No fue precisamente un partido para alzar a los holandeses como favoritos, no obstante, recomendable sería no perderles la vista.

Japón 1 – Camerún 0. Honda sopló las velitas.

También vale mirar a Japón, en el mismo Grupo E. Los Samurais Azules nunca habían obtenido una victoria en una Copa del Mundo fuera de casa y su víctima fue Camerún, una selección que siempre amenaza con ser protagonista, pero que todavía no es capaz de reproducir una actuación similar a los cuartos de final conseguidose en Italia 90′. Ni siquiera con el sobrenatural Samuel Eto’o.

Bueno, tampoco hay que decir que los nipones hayan sido una máquina. De hecho, en la primera media hora los rivales se estudiaron. Tanto que comenzaron a generar sueño. En eso estaban cuando un centro de la derecha, desnudó la zona más débil de los Leones Indomables, reconocida por el propio técnico, Paul Le Guen: la defensa. Ningún zaguero alcanzó la bola y Keisuke Honda se encontró solo y con la obligación de anotar, misión que finalmente no falló. Era el minuto 39′ y el volante que había estado de cumpleaños el domingo y que se había negado a soplar las velitas, ahora celebraba con todo sus 24.

En la segunda parte, Eto’o trató de llevar la alegría a los camerunenses, pero la sólida defensa japonesa fue infranqueable. Y cuando se quebraba, sus compañeros erraban los disparos de manera grosera. Arropados, los asiáticos esperaban por el contragolpe y a diez del final casi consiguen aumentar, pero el tiro de Okazaki se fue al metálico. Misma suerte tuvo un remate de Stephane M’Bia que privó de consuelo a los africanos y finalmente desató el carnaval en el país del Sol Naciente. El 1-0 estaba firmado.

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